Cuando en verano del 2011 llegamos a Shanghai y fuimos a inscribirnos al Consulado español, ya nos interesamos sobre cuales eran los trámites que había que seguir para adoptar en China. Nos dijeron que como mínimo teníamos que llevar residiendo en el país un año, y que cuando se cumpliera este requisito, ya podíamos entregar toda la documentación requerida e iniciar el expediente.

Hay grandes posibilidades que como expatriados en China nosotros los hispano parlantes tengamos a nuestra familia, llámese padres, hermanos y la parte política a un poco más de dos horas de vuelo.

Uno intenta verles o hacer lo posible por encontrarse; que los abuelos vean a los nietos, que tu hermana vea a sus sobrinos o que nosotros podamos ver a nuestros hermanos.

Mi nombre es Victor y hace un año y nueve meses que llegue a Shanghai.

Me trasladé a Shanghai con mi pareja, a quien le había surgido la oportunidad de trabajar en esta gran metrópoli. Tras varios meses encerrado y alejado del mundo exterior, debido al miedo que me producía tener un conocimiento en ingles bastante bajo y nulo en chino, decidí enfrentarme de golpe a ese miedo que me bloqueaba y me dejaba K.O. matriculándome en una universidad china.

Para nosotros los mexicanos, la Navidad es una festividad muy importante, debido a la tradición católica, arraigada en nuestro país durante varios siglos. Además, es  motivo de reunión familiar, que al menos una vez por año, ocurre en pleno para compartir y celebrar. Ese es nuestro caso.

 

En México, las festividades comienzan desde el 12 de diciembre, Día de la Aparición de la Virgen de Guadalupe. Continúa con las “Posadas” o celebraciones que recuerdan la Huída a Egipto de María y José en espera del nacimiento de Jesús, cuando buscaban refugio o posada en las aldeas. Durante las “Posadas”, se cantan letanías. Se rompen piñatas de 7 picos, llenas de frutas, que simbolizan la Estrella de Belén y los 7 pecados capitales. Las “Posadas” terminan siempre con comida, bebida y baile. 

Mi madre a los 83 años contraerá matrimonio. Es viuda y vive sola. Todos nosotros sus hijos la apoyamos moral y económicamente.

Ella se quiere casar porque quiere compartir su vida con un hombre que, también viudo, le hace sentir lo que ella siempre ha sido al ser hija, hermana, esposa, madre, abuela, tía, nieta, prima, maestra, escritora, actriz, directora, guía de turismo, etc.

A mí con tanto sustantivo ya casi se me había olvidado qué era lo que siempre ha sido; me puedo imaginar lo hermoso que debe sentir ella al recordarlo. Es una mujer feliz.

Tal vez cuando lea usted ésto ya sea un hecho que esté casada con un apuesto galán de 92 años. Tengo la plena convicción de que serán una pareja afortunada. El mejor tiempo al final de sus carreras de vida, aunque para mí o para muchos sea una cosa de locos.

Cumplir nuestros sueños parece una tarea individualista y altamente irresponsable. ¡Qué osadía tan imprudente!