Me fui de Shanghai hace 6 meses. Ya no extraño nada, porque ahora vivo en París y aquí el aire es puro y el agua es limpia. Por ejemplo, ya no extraño los olores perturbadores de la calle, ni los gritos de las mujeres, ni sus medias cortas de nylon que usan con sandalias, capris o vestidos cortos y que les aprietan los tobillos. Tampoco extraño los empujones en todos lados, ni las filas largas en que nadie respeta los turnos. No extraño los tendederos de bambú, donde cuelgan brassieres enormes, calzones rojos y camisetas percudidas. Menos extraño, las ranas que venden en el supermercado y que se hacen las muertas si las tocas y se dejan hundir hasta el fondo de una pecera, donde conviven con otros alimentos acuáticos.

 


La vida me ha enseñado que cuando que te cambias a vivir a otro lugar; país, ciudad o de un cuarto al otro; no debemos llevar la ropa y los objetos olvidados por varios años.

De esta forma me he impuesto la práctica  de limpiar los clósets frecuentemente. Todos los cajones y espacios para guardar, tienen que ser escrudiñados para deshacerme de aquellas cosas que ya no me quedan, que ya no uso o que ya no están de moda. Tirar o donar recuerditos o juguetes, artículos que realmente no son necesarios en mi vida.

Aunque, hay que reconocer, siempre dejo el -pantalón medidor- aquel que me dice que me estoy pasando de la raya.

Me deshago lo que no me sirve.

Tendría que hacer lo mismo con mi alma. Aligerar mi alma. Sólo atesorar las que son útiles. Sacar de mi vida a las personas que me hacen verme mal y quitar malos hábitos que hacen que se apolille mi espíritu o mi cuerpo. Poner atención en proteger a mis amistades valiosas como abrigo en temporada de frío. De no dejar que se pongan amarillas mis relaciones, especialmente aquellas que aligeran mis días. Tenerlas listas y limpias para usarse en el caso que sea necesario.

 

“Shanghái es la ciudad más poblada en China y la ciudad más grande en número de habitantes en el mundo … 24 millones de personas en el de 2013”. Wikipedia abril 2014.

De acuerdo con el Shanghaiist, se estima que en Shanghái hay por lo menos 210,000 extranjeros (1% de la población) entre los cuales tenemos 214 diferentes nacionalidades.

Estos datos son estimaciones y las uso sólo como referencia para llamar nuestra atención de que Shanghái es una ciudad cosmopolita. 

Hace casi cuatro años que vivo aquí y aún no conozco ni todos los mercados, ni los bazares y mucho menos los restaurantes o centros comerciales de esta mega urbe. 

 

He vivido en Shanghái por cuatro años. China es el primer país comunista en el que he vivido y es el país en el que me he sentido más libre.

Muchas veces tenemos el concepto de que el comunismo viene de la mano con restricción y control. Sí y no.

Aquí, ni se te ocurra manejar sin licencia porque las penas pueden llegar hasta el encarcelamiento.  Si alguno de tus hijos o tú, eres descubierto por las autoridades consumiendo drogas ilegales,  corres el riesgo de ser expulsado del país con toda tu familia. Si como extranjero en China tienes un accidente en el coche que vas manejando aún y teniendo carnet de conducir chino, normalmente llevas las de perder.

Muchas personas me dijeron que India era deprimente, que ver a la gente que vive en la calle sin techo era horrible, que existía muchísima pobreza y que era extremadamente sucio. ¿Para qué vas a India?

Será que dentro de mí siempre ha existido un sentido aventurero. Indiana Jones y yo pudiéramos ser buenos amigos. No me asusta ni la mugre, ni lo incómodo y estoy dispuesta a abrir mis ojos a la búsqueda de lo inesperado y a no sobrevalorar lo anhelado. Creo que viajar de esta forma ha hecho que los “difíciles momentos” de viajar a lugares menos cómodos sean realmente placenteros cuando yo sé que el viaje terminará con un maravilloso panorama.