En vacaciones, cuando vuelvo a mi México, mi primera misión es comer todo lo que extraño. Antes de hacer cualquier cosa, hago escala en los tacos de barbacoa con salsa borracha, los tlacoyos de habas con salsa verde, las tostadas de pata, las quesadillas, los sopes y las gorditas de chicharrón. Si es temporada, un soberbio Chile en Nogada. O al menos, un chile relleno de queso en caldillo de jitomate. Unas enchiladas, o unas enfijoladas o unos chilaquiles bien picosos. Unos tamales verdes o oaxaqueños. Y un mole negro sobre arroz rojo, frijoles de la olla y muchas tortillas.

 

Hoy finalmente nos hemos acercado a Will Foundation con el doble propósito de entregar los fondos recaudados para ellos en la pasada Fiesta al aire libre organizada por la Comunidad Latina en Shanghai, y también de conocer en persona a los niños del hogar de Will y a su fundadora Pilar Tan.

Nada más empezar la charla con Pilar te das cuenta de que estás frente a una de esas personas que están hechas de una pasta especial.

  

“Las calles de Beijing son agridulces,

el cielo es bruma, 

neblina oscura que te ciega;

sin embargo, sus luces arcoiris son caricias;

caminas sin el miedo de asalto en occidente”

 

Los versos iniciales son parte del poema Respiradero, que escribió la poeta mexicana Isolda Dosamantes cuando vivió en China entre 2004 y 2007.